Pensando bíblicamente sobre el Sufrimiento
Cuando hablamos del sufrimiento, hay un personaje bíblico que capta nuestra atención. Un personaje que pasó por un sufrimiento tan fuerte que no queremos que nos suceda a nosotros.
No era que le sucedieran cosas que no les suceden a otras personas, sino que es el hecho de que todo le ocurrió una cosa tras otra. Sufrimiento tras sufrimiento, hasta sufrió la falta de apoyo de su esposa.
De seguro ya sabes de quién hablo, y si no sabes, te recomiendo que leas más tu Biblia. Pero del personaje bíblico del que estoy hablando es de Job.
Creo que pensamos en Job porque nos podemos identificar. Lo mismo nos puede pasar a nosotros. Y cuando sucede, nos cambia. Nos moldea.
El sufrimiento es una experiencia universal que nos lleva a cuestionar el propósito de la vida y el carácter de Dios. Aunque a menudo intentamos evitarlo, la Biblia no ignora el dolor; al contrario, lo reconoce como una realidad inevitable en un mundo caído.
Pero duele mucho, ¿verdad?
Por eso decidí escribir este artículo. Para darle sentido al dolor que muchas veces nos agobia. Es algo que necesito hacer para mí, y es algo que sé que te ayudará también.
Así que vamos juntos a pensar sobre el sufrimiento y por qué Dios lo permite.
1. El sufrimiento no es el fin, sino un proceso
La Escritura nos enseña que Dios utiliza las pruebas para moldear nuestro carácter. Ese proceso duele, pero es necesario para nuestro crecimiento.
Pero más que eso, el sufrimiento, si lo vemos por lo que es, nos ayuda a mirar claramente a Dios. Ver a Dios claramente nos da esperanza de que estamos en Sus manos seguras.
El apóstol Pablo menciona que la tribulación produce paciencia, prueba y, finalmente, una esperanza que no defrauda.
Esto es lo que dice en Romanos:
“Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.” (Romanos 5:3-5).
El sufrimiento tiene un propósito formativo, aunque no lo veamos rápido.
No es un castigo sin sentido, sino parte del proceso mediante el cual Dios nos transforma a la imagen de Cristo. Recuerda que Dios es el alfarero y, como el alfarero que moldea el barro, las presiones y el calor del sufrimiento nos dan forma.
2. Dios está cerca en medio del dolor
Uno de los mayores consuelos bíblicos que podemos tener es saber que no sufrimos solos. La Biblia nos dice que Dios es el “Padre de misericordias” (2 Co. 1:3), que nos consuela para que nosotros también podamos consolar a otros.
El Salmo 34:18 nos asegura que el Señor está cerca de los que tienen el corazón quebrantado.
Cuando atravesamos el “valle de sombra de muerte”, podemos clamar como los salmistas lo hicieron. Ellos no escondieron su dolor, sino que lo expresaron honestamente delante de Dios.
Y descubrieron que Él escucha, Él responde, Él está presente.
“Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; Y salva a los contritos de espíritu.” (Salmo 34:18).
¿Has expresado tu dolor delante de Dios? Piensa en eso.
3. Ejemplos de redención a través del sufrimiento
La Biblia está llena de historias donde el dolor se transformó en bendición. Vamos a ver algunos ejemplos:
José: Sabemos que fue vendido por sus hermanos y encarcelado injustamente, pero Dios usó todo ese mal que le sobrevino para salvar “a mucho pueblo”. Al final, José pudo decirles a sus hermanos:
“Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo. ” (Génesis 50:20).
Job: El personaje bíblico con el que comenzamos este artículo perdió todo lo que tenía, pero ese sufrimiento lo llevó a conocer a Dios de una manera más profunda; mira las palabras preciosas de Job:
“De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven.” (Job 42:5).
Al final, Dios restauró todo lo que había perdido, y aún más.
Jesucristo: El ejemplo supremo, nuestro Señor. Su sufrimiento en la cruz fue el medio necesario para la redención de la humanidad, en otras palabras, nuestra redención.
Sin la cruz no hay resurrección. Sin el sufrimiento del Viernes Santo no hay la gloria del Domingo de Resurrección.
4. ¿Cómo responder al sufrimiento?
Teniendo una idea más clara sobre el sufrimiento, ahora debemos responder a esa pregunta. Porque debemos responder de una forma correcta ante el sufrimiento en lugar de huir, como muchas veces hacemos.
La Biblia nos invita a:
Confiar plenamente en Dios.
Reconocer nuestra dependencia de Dios, ya que Su poder se perfecciona en nuestra debilidad. Pablo aprendió esto cuando rogó tres veces que Dios quitara su aguijón, y la respuesta fue: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.” (2 Corintios 12:9).
Mantener una perspectiva eterna.
Entender que nuestras tribulaciones en este momento son leves y momentáneas comparadas con la gloria eterna que nos espera (2 Corintios 4:17-18). Esto no minimiza el dolor presente, pero coloca el sufrimiento en su contexto correcto.
Llevar las cargas de tus hermanos/as en la fe.
Como cuerpo de Cristo, estamos llamados a apoyarnos unos a otros en los momentos difíciles de nuestra vida. No fuimos hechos para sufrir en soledad.
No seas orgulloso y busca la ayuda de tu iglesia local.
“Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.” (Gálatas 6:2).
Conclusión
El sufrimiento no es señal de que Dios nos ha abandonado, aunque podamos sentirnos así, sino el escenario donde Su amor y poder se manifiestan con mayor claridad. El lugar donde podemos verlo claramente.
La persona que más sufrió en el mundo fue Jesús; nadie se le compara y nunca se le comparará. Sufrió rechazo, traición, tortura física y la agonía de cargar con el pecado del mundo. Pero ese sufrimiento no fue en vano. Fue el camino por el que tuvo que caminar para nuestra salvación.
Si Cristo, siendo inocente, sufrió por nosotros, ¿podemos esperar una vida sin dolor?
Pero tenemos esta promesa: somos amados eternamente por un Salvador que pasó del sufrimiento de la cruz a la gloria a la diestra del Padre; también nosotros, los que estamos en Él, pasaremos de nuestro sufrimiento presente a la gloria eterna con Dios.
Podemos descansar en estas verdades:
- Dios está con nosotros en el dolor.
- Nuestro sufrimiento no es en vano.
- Hay un propósito mayor en nuestro sufrimiento.
- Y al final, Dios enjugará toda lágrima de nuestros ojos
El dolor es real. Las lágrimas son válidas. Pero el sufrimiento no es el final de la historia de nuestras vidas. Porque servimos a un Dios que redime, restaura y transforma incluso nuestro sufrimiento más profundo con propósito eterno.