El Cristiano que no entendía el evangelio

Por muchos años después de mi conversión pensé que entendía el evangelio completamente. Claro, sabía que era un pecador y que solo en Jesús hay salvación, pero nunca profundicé en eso.

No ayudaba el hecho de que en la iglesia donde me congregaba el evangelio no era enseñado realmente. Lo importante eran las experiencias solamente.

Era un cristiano sin un conocimiento profundo de lo que verdaderamente ocurrió en la cruz. Lo que realmente significaba la cruz de Cristo.

No entendía plenamente lo que es el glorioso intercambio.

Así estuve por casi diez años hasta que me di a la tarea de aprender a evangelizar. En mi búsqueda encontré una predicación de un hombre llamado Ray Comfort.

Con un título interesante: El Secreto Mejor Guardado del Infierno. Interesante, ¿verdad? Pues lo imprimí y lo leí; lo que sucedió fue que el Señor abrió mis ojos.

En el libro de los Hechos, capítulo 9, vemos cómo Dios le habla a Ananías y le dice que vaya a donde un hombre para que ore por él y reciba la vista. Cuando Ananías oró por este hombre, la Biblia dice que “al instante cayeron de sus ojos como unas escamas”.

Ahora, no me cayeron escamas de los ojos, pero sentí que una venda fue quitada de mis ojos y pude ver claramente el evangelio y el sacrificio de Cristo. Desde entonces me sigue asombrando lo que significo el sacrificio de Cristo en la cruz.

Entonces, ¿para qué te digo todo esto?

Porque muchas veces nos descuidamos, sea por lo que sea, comenzamos a hacer otras cosas o aprender otras cosas y se nos olvida el misterio más importante.

Aunque no es un misterio en sí, la cruz de Cristo está llena de asombro y majestad porque ahí, en ese madero, el Hijo de Dios tomó el pecado tuyo y mío cuando no lo merecíamos. Cuando no hicimos nada para merecerlo, y si hubiéramos hecho algo, hubiera sido trapos de inmundicia a sus pies.

El Dios encarnado dio su vida; piénsalo, lo hizo por pecadores inmerecedores de tal gracia. Piénsalo por un momento, no lo dejes ahí, deja que corra por tu mente y que sea llena de esa verdad.

¿Por qué no pasar mi vida aprendiendo sobre el evangelio? No tenemos razones, así que abre tu biblia y lee.

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