Las Dos Naturalezas de Cristo: Una Realidad Crucial para la Salvación

En Jesucristo sus dos naturalezas existían perfectamente en Él, cuando anduvo entre nosotros, Él fue completamente Dios y completamente hombre.

No se puede separar la persona de Cristo y la obra de Cristo, como dijo Lambert en su libro Teología de la Consejería Bíblica: “La persona de Cristo es inseparable de la obra de Cristo porque se necesita el carácter que Jesús poseía para completar la obra que realizó mientras estuvo en la tierra.”

Cuando hablamos de Jesús, una de las cosas que tenemos que tener claro es que él era completamente Dios, pero también era completamente hombre.

¿Por qué esto es importante?

Porque si Cristo fue solo un hombre y no Dios, entonces no podría ser nuestro salvador, no tendría ningún poder para salvar.  1 Timoteo 2:5 nos dice, “Porque hay un solo Dios, y también un solo Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre”.

Cuando Pablo habla de un mediador está describiendo alguien que se para en la brecha entre Dios y el hombre.  Esta brecha fue causada por el pecado. 

En Isaías 59:2 se nos dice, “Pero las iniquidades de ustedes han hecho separación entre ustedes y su Dios, Y los pecados le han hecho esconder Su rostro para no escucharlos.”

Que Jesús es completamente Dios nos da la seguridad que solo Él puede ser el mediador para vencer el pecado. En su deidad, Jesús proveyó el sacrificio perfecto que necesitábamos para ser limpiados y perdonados.

En su humanidad, Él nos revela a Dios.

Lo que podemos aprender

También podemos ver en Hebreos 2:17 que dice, “Por tanto, tenía que ser hecho semejante a Sus hermanos en todo, a fin de que llegara a ser un sumo sacerdote misericordioso y fiel en las cosas que a Dios atañen, para hacer propiciación por los pecados del pueblo.”

Jesús fue semejante a nosotros en todo, pero sin pecado, y porque fue como nosotros en todo, Él es nuestro gran sumo sacerdote que hizo propiciación por Su pueblo.

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